Sentido y definición

Por David Mateo

Cuando uno repasa las obras realizadas por Jorge Santos desde el año 2007 hasta  la fecha, comprueba que su desarrollo como pintor y dibujante se ha centrado, fundamentalmente, en el perfeccionamiento de la capacidad de síntesis y en el aumento de la intensidad expresiva de sus composiciones y sistemas iconográficos. El énfasis que ha hecho en la consolidación de estos dos aspectos, con resultados muy visibles en el quehacer artístico del 2013, resulta esencial para la credibilidad e inserción de su trabajo en nuestro contexto, y cualquier conjetura que se pretenda hacer en lo adelante sobre la funcionalidad de su producción simbólica y los comportamientos futuros de la misma, deberá partir de este estadio evolutivo.

Aunque Santos se ha mantenido fiel a la implementación de una serie de recursos que sustentan la perspectiva existencial y dramática de su pintura (me refiero al dibujo y a la pincelada expresionista, a los contrastes tonales entre el blanco y el negro, la claridad y la penumbra, y al recreo de la gestualidad y la fisonomía humana), todo indica que la madurez de su trabajo está precipitándose justo ahora, cuando comienza a depurar efectos que remiten a metodologías o códigos de otros contemporáneos, cuando va cobrando conciencia de la necesidad de alejar de su lógica constructiva aquellos artificios que ornamentan en exceso la crudeza de sus ambientes y metáforas. Porque, aunque algunos no logren percatarse de ello, en la hondura de sus encuadres pictóricos siempre se reconoce la presencia de un creador extremadamente susceptible, y sobre todo marcado por las angustias existenciales y la gravidez del pensamiento. Estos son aspectos que lo distinguen y cualifican como pintor y dibujante, y que él debe resguardar de toda disociación…Sabemos muy bien, que aveces son los vicios del medio artístico, los  recursos en boga dentro de un determinado sistema de apreciación, y hasta la perspectiva tributaria y afectiva que manifiestan algunos autores hacia determinados arquetipos, las razones que suelen contener y hasta liquidar la expresión libre de apreciaciones y comportamientos creativos.

Poco a poco vemos desaparecer con satisfacción en los cuadros recientes de Jorge Santos esas flores ingrávidas, desmedidamente glamurosas, que con frecuencia estuvieron asomando en sus composiciones para hacerlas más tenues o dúctiles; cómo se ha ido despojando del hábito de fragmentar sus obras en planos estructurales anárquicos, para ir logrando escenas cada vez más compactas e integradas visualmente, y cómo ha ido superando esa tendencia de ubicar sobre la parte extrema de sus figuras imágenes de barcas, de formas cuadradas u ovaladas, rellenas de color y textura. 

Santos no necesita recurrir al adorno o al efectismo representativo, mientras más depurados y explícitos son sus procedimientos formales y las vías de desahogo expresivo, mayor trascendencia alcanzan sus obras frente a potenciales espectadores. Hay piezas incluso, concebidas en épocas tempranas de su quehacer artístico, como aquellas que pertenecen a la serie Black stage (2008), o cuadros específicos como Everyday play (2008), que corroboran que las obras de Santos no necesitaban ninguna clase de exornación o aditamento estético complementario, que sus obras llegan a ser más impactantes cuando menos ardides emplean en el tratamiento de las atmósferas y en la explicitación de esos sentimientos contingentes de inquietud e incertidumbre.

De igual modo creo que el artista podría continuar alejándose de los dictados de una figuración minuciosa, devota de la realidad objetiva desde el punto de vista representativo, y para lo cual sabemos que posee habilidades artísticas suficientes. Debe seguir desarrollando esa clase de delineado o pincelada más gestual, espontánea; expandir sin temores esas impresiones fantasmagóricas, esas estampas y voces que parecen venir de ultratumba, y que refleja con eficacia en varios trabajos suyos, sobre todo en aquellos donde predomina el género del retrato. Debe preservar a toda costa las sensaciones de forcejeo, de tensión máxima, entre alucinación y realidad, evocación y silencio, vida y muerte, que con originalidad nos muestra desde su pintura en crecimiento.